domingo, 20 de junio de 2010

miércoles, 16 de junio de 2010

Lo que gana Alemania

Rumor número uno: el Financial Times Deutschland publicó el viernes que la banca española está a punto de quebrar. La UE lo negó. Rumor número dos: ayer el Frankfurter Allgemeine Zeitung aseguró que el rescate español es inminente. La UE lo volvió a desmentir, y también se hizo una pregunta obvia: con lo grande que es Europa, ¿por qué los rumores sobre la quiebra de España salen siempre de Alemania?

Para Bruselas, la respuesta es evidente. Ayer, el portavoz de Asuntos Económicos de la UE, Amadeu Altafaj, acusó veladamente al ejecutivo alemán de estar detrás de estos bulos. El Gobierno español también está convencido de que nuestros amigos los alemanes son esa mano invisible que agita con rumores los mercados. Ayer les salió bien. A pesar de los desmentidos, el bulo funcionó. Cuando el río suena, el mercado se asusta por si agua lleva, y el diferencial de la deuda española sobre el bono alemán subió por encima de la barrera de los dos puntos. Financiar nuestra deuda es hoy más caro.

Pero ¿qué gana Alemania con todo esto? El déficit exterior español se divide más o menos en tres tercios: uno es para importar energía, otro es de China; y el tercero es, en efecto, de Alemania. Los bancos alemanes nos han prestado 167.000 millones de euros. Si España se hunde, la economía alemana quedaría muy tocada.
Sin embargo, a Alemania sí le interesa tensar la cuerda sin que se rompa: que la deuda española se encarezca sin llegar, por supuesto, a una bancarrota. Las malas noticias para los PIGS son buenas nuevas para el bono alemán: cuando los inversores ven mal el Mediterráneo, se refugian en la aburrida y previsible deuda alemana. En el último año, Alemania se ha ahorrado unos 35.000 millones de euros gracias a esta segunda parte de la crisis. La deuda le sale más barata a Ángela Merkel porque al resto nos cuesta más cara. Como tantas veces, unos pierden porque hay otros que ganan.

Ignacio Escolar

lunes, 7 de junio de 2010

Sobre el diario Público

Soy un periodista que trabaja en el diario Público. Por motivos que me parecen obvios, prefiero no firmar con mi nombre este escrito. Aunque muchas de las personas que trabajamos en Público estamos más preocupadas por afrontar una combinación de presión laboral y bajos sueldos, de vez en cuando dedicamos una parte de nuestro tiempo a reflexionar y a discutir sobre el medio al que servimos. Me contento ahora con expresar de manera rápida mi visión de lo que es Público visión que comparto con varios de mis compañeros.

Público nació hace dos años y medio como un proyecto vinculado con determinados círculos próximos al presidente Zapatero. En septiembre de 2007, el momento en que el diario salió, se encontró en una situación difícil, toda vez que Zapatero había medio recompuesto su relación con El País y el grupo PRISA. Esa es la razón principal que explica por qué Público se vio obligado a asumir un cierto distanciamiento ideológico con respecto a lo que PRISA y el PSOE suponían. Ese distanciamiento implicó, de forma casi inevitable, una línea política situada más hacia la izquierda, traducida en el hecho de que Público acabó por atraer a lectores que inicialmente no estaban en su proyecto.

Hay que subrayar, sin embargo, que ninguno de los tres directores que ha tenido el periódico es un hombre de izquierdas. Ignacio Escolar fue el que más que se acercó a esta definición, tal vez porque, al proceder del mundo de Internet, se alejaba saludablemente de muchos de los hábitos nefastos de nuestra profesión periodística. Los dos directores que le han seguido son, en el mejor de los casos, vagamente ’progresistas’.

Lo que acabo de decir es importante porque en Público se ha repetido un fenómeno que no es nuevo. Me refiero a un medio de comunicación que, por razones más o menos casuales, asume una línea ideológica que es gestionada por personas que no creen en ella. En el caso del periódico para el que trabajo, las consecuencias han sido varias. Si, en primer lugar, Público no tiene ningún problema para darle carrete al PSOE (basta con acatar las demandas y presiones que llegan de Ferraz, algo que el diario hace todos los días) y, en segundo, tampoco debe esforzarse mucho para abrirle un poco de espacio a IU (en este caso con una visible vocación de escarbar en sus heridas internas), todo lo que está a la izquierda de IU, incluidos los movimientos nacionalistas de la periferia, le suena por completo a chino.

No sólo eso. Cuando en la redacción se expresa alguna sugerencia en el sentido de romper el círculo vicioso que acabo de retratar, inmediatamente es rechazada, creo yo que no tanto por censura como por incapacidad para entender quiénes son muchos de los lectores del diario. Ningún ejemplo mejor que el de la información económico-laboral, que ignora sistemáticamente que muchos de los lectores del periódico están que trinan con las cúpulas de CCOO y UGT y echan de manos una información que, junto a la que incluye Público, abra horizontes de crítica a los sindicatos mayoritarios. La dirección del periódico está por completo incapacitada, sin embargo, para darse cuenta de esto. También lo está para tomar nota de que muchos de los lectores prefieren guardar las distancias en relación con la fácil idealización del juez Garzón que se manifiesta constantemente en las páginas del diario.

Por otra parte, Público está cada vez más copado por los periodistas. La consecuencia principal es que una información general que casi siempre es muy poco comprometida y crítica se ve completada por las columnas que escriben los profesionales que trabajan en el diario y que al parecer creen que saben de todo. El mismo columnista escribe en Nacional, en Internacional, en Cultura y, si es necesario, en Deportes. En Público se ha reproducido el esquema nefasto de las tertulias televisivas y radiofónicas, en detrimento de la presencia, que en el pasado fue más fuerte, de especialistas de prestigio.

Antes de que alguien me señale que, a pesar de todos estos males, el periódico ha visto cómo sus ventas seguían subiendo, responderé que ello es así ante todo por la calidad de las promociones de viernes, sábado y domingo, que compensa con creces el deterioro del periódico en sí (cada vez se tarda menos en leerlo). Habida cuenta de la pérdida dramática de calidad y del camino ideológico que ha decidido seguir El País, es muy significativo que Público no le esté arañando todos los días lectores al diario del grupo PRISA.

Voy acabando. Lo que en último término me ha incitado a escribir estas líneas es una conversación tensa que escuché hace unos días en la redacción del periódico. Uno de los jefazos (o un jefecillo, porque a ciencia cierta ya no sé dónde está) se quejaba de que nadie le había informado de que Carlos Taibo había dejado de formar parte del Consejo Editorial de Público. También para mí fue la primera noticia de algo que parece haberse mantenido oculto, tal vez para evitar un nuevo escándalo como el que provocó el caso Reig. Me limito a señalar que el mismo periódico que mantiene varias veces por semana en sus páginas la escoria de Ernesto Ekaizer y que acaba de fichar como estrella dominical a Luis García Montero (un baboso integral que se mueve con soltura, a mitad de camino entre el PSOE e IU, por los circuitos del poder y no es capaz de hacer una ’o’ con un canuto a la hora de entrar en terrenos que no son los suyos) se permite prescindir de alguien que representaba una de las ya escasísimas huellas de pensamiento crítico en un diario para el que, por utilizar la expresión de un viejo artículo de Taibo, "la izquierda de la izquierda" no existe. Yo le pido perdón a Taibo en nombre de algunos periodistas de Público que lo apreciamos en lo que vale y auguro malos tiempos en el futuro del periódico.

Abril de 2010

Anónimo


jueves, 29 de abril de 2010

Solchaga, apóstol del pelotazo, critica a ZP

Con gran sentido de la oportunidad y desde una plataforma de gran peso político y económico como es la revista Vanity Fair, Carlos Solchaga sale de la cueva para criticar a Zapatero. Del Presidente del Gobierno dice que trata a sus ministros como secretarios y que él se hubiera marchado del Ejecutivo antes que Solbes; que es presidencialista y que escoge ministros con bajo perfil para que no le hagan sombra.
De paso insiste en algo que parece ser la fijación de su vida: Abaratar el despido.
Hace tanto tiempo que Solchaga dejó la política activa que quizá mucha gente no lo conozca o solo tenga un vago recuerdo de él.
Hagamos memoria para ubicar mejor al personaje y el peso moral que pueden tener sus comentarios de esta semana.
Solchaga llegó al Gobierno con Felipe González en 1982 como ministro de Industria y Energía, cargo desde el que llevó a cabo una durísima reconversión industrial que causó una gran conflictividad laboral, especialmente en el sector naval.
En 1985 sustituyó a Miguel Boyer en la cartera de Economía y Hacienda. Tres años después los sindicatos convocaron la huelga general más importante que se recuerda en la democracia (14 de diciembre de 1988) en contra de una reforma laboral que pretendía abaratar el despido y que canalizó el descontento generalizado por la política económica socialista a favor de los más poderosos. El paro aquel día fue total, en parte gracias al famoso apagón de TVE dirigida entonces por Pilar Miró.
Cuando abandonó el gobierno, en 1993, pasó a ser presidente-portavoz del grupo parlamentario socialista. Tuvo entonces enfrentamientos con el denominado sector guerrista, en teoría la izquierda del partido, sobre todo porque Solchaga seguía abogando, como ahora, por facilitar el despido de los trabajadores y en liberar el suelo (precursor del pelotazo inmobiliario)
El diario El Mundo publicó ese año que Solchaga viajó “gratis total” en Trasmediterránea y poco después que utilizó un buque oceanográfico para ir de excursión privada. Solchaga lo admitió pero dijo que formaba parte de la lógica de las relaciones públicas de las empresas con políticos y periodistas.
Finalmente debió dejar la política cuando Mariano Rubio, ex gobernador del Banco de España, entró en prisión por el caso Ibercorp. Solchaga quedó tocado al ser su principal valedor.
No le faltaron ofertas en el sector privado y entró en el Grupo Recoletos, como presidente de su consejo editorial, pero tuvo que marcharse cuatro años después, en 1998, al oponerse a la alianza de Recoletos con Unedis, editora de El Mundo, el diario que lo atacó duramente cuando era portavoz socialista.
Ahora regresa, ¿y cómo lo hace? Como el sabe: pidiendo el despido libre. De paso ofende a los actuales ministros a los que reprocha su escaso perfil y su miedo a enfrentarse al presidente, no como los gabinetes de Felipe González, que eran gente preparada, con pesonalidad, con criterio y no se arredraban ante el jefe del Ejecutivo. Es decir, como él.
De Carlos Solchaga es la famosa frase "España es el país del mundo donde más rápido se puede hacer uno rico”. Fue toda una declaración de principios que lo convierte en el gran Apóstol del Pelotazo. Significó un aval ideológico para los corruptos y supuso el pistoletazo de salida para el saqueo del Estado que llevaron a cabo algunos altos cargos socialistas. Recordemos a Luis Roldán, Mariano Rubio, el GAL, Filesa o los casos de apropiaciones de fondos reservados del Ministerio del Interior.
Fue una época en la que los conceptos izquierda y derecha perdieron su significado para primar solo el afán de poder. Políticos como Solchaga, Boyer, José Barrionuevo, José Luis Corcuera, Rafael Vera, García Damborenea fueron los muñidores del fracaso del felipismo, que se hundió por la corrupción, los escándalos financieros y el abandono de la ética política que siempre caracterizó al socialismo de los cien años de honradez. Fueron ellos los que facilitaron el ascenso al poder de José María Aznar, que no tuvo más que ocuparlo en 1996 casi sin querer ante la desolación en la que se encontraba el Estado.